Tengo calada hasta los huesos la sensación de que donde quiera que esté, estoy de paso.
Voy rodando por aquí y por allá. Limitándome a estar.
Más de dos años está durando ya esta nueva temporada.
Me mudé y empecé a montar eso que llaman un hogar (el mío). Intentando disfrazar un piso frío y común en algún lugar en el que pareciera que vivía yo.
No me lo terminaba de creer, en gran parte porque yo mismo no me lo permitía. "Al final todo termina", me decía. Aún así, compré alguna tontería en un vano intento de que ese espejismo tuviera algo de real: Un farolillo.
Venía a ser mi versión de unas figuritas de Lladró. O un jarrón cualquiera.
Con más obligación que ilusión, fui llenando la casa de "mis cosas": La guitarra, mis discos, mis ordenadores...
Esto empezaba a funcionar. Incluso compré, en un acto irracional de amo de casa, algun instrumento completamente prescindible pero utilísimo para la cocina. Incluso cabría decir que visito con cierta asiduidad la sección Hogar de los centros comerciales.
En breve invitaría a mis amigos, a que vinieran a pasar algún fin de semana conmigo.
Pues una vez más estoy haciendo las maletas. Llenando bolsas. Preparando bultos. Una vez más, estoy a las puertas de cambiar de nuevo mi rumbo. Cambiar de nuevo de trabajo, de barrio, de piso, de ciudad. De empezar de cero.
Ya es mecánico. No pesa ni ilusiona. Simplemente ocurre. Es parte de mi rutina vital. Llegar, estar, partir, empezar... Es como vivir en un tren: Lo único que me acompaña soy yo mismo. Absolutamente todo lo demás son decorados que van cambiando con las circunstancias.
Sólo me queda esperar los acontecimientos, y acomodarme lo mejor que pueda en este nuevo vagón que me llevará a algún otro sitio. Como siempre, desconocido y, como siempre, de paso.
Viajeros al tren.
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Miguel Rios - El blues del autobus.
Miguel Rios - Voy en tren.
Los Suaves - Otra noche, otra ciudad.
jueves, 2 de diciembre de 2010
martes, 14 de septiembre de 2010
No tengo ni idea
"Esas cosas las da la vida", "Con los años se aprende", "El tiempo te lo dirá".... etc.
Todos desde siempre me han ido creando la ilusión de que un ente ajeno a mí, terminará por imbuirme del conocimiento necesario para ir tomando correctamente mis decisiones.
La verdad es que, ahora que ya llevo durando unos pocos años por este mundo, me paro y sigo sin tener ni idea de qué hacer. No me visitó ningún hada, dios, arcángel o espíritu. Nada ni nadie me ha dicho nunca cómo acertar. No hay método. Ni garantías, claro.
Sí, tengo trazas, intuiciones, someros trozos de razón que parecen decirme qué hacer, hacia donde ir. Pero poco o nada tienen que ver con la realidad. Son percepciones subjetivas, sutiles, sesgadas y partidistas. Todo queda muy lejos de los hechos.
También es cierto que tengo mi albedrío, pero ¿qué es si no una manera más de equivocarse o acertar? "Albedrío" no es más que otro camino para meter la pata. Por propia voluntad.
No sirve. Y no sirve porque, aunque hayas errado y aprendido, no vale de mucho. No ocurrirá dos veces exactamente lo mismo, así que no valdrá dos veces la misma decisión ni la opuesta. Como decía antes, no tienes más que meras aproximaciones a lo desconocido.
Así, toda tu vida entera se convierte en una prueba de laboratorio perpetua. Un experimento previo al ensayo real, que será la siguiente decisión. Y una vez tomada esa decisión, sea cual sea, instantáneamente se convertira en un dato más para el siguiente experimento, conducente a resolver el siguiente dilema. Y así por siempre.
Y si alguien tiene la respuesta, por favor, que levante la mano.
-------------
Van Morrison - Really don't know
Todos desde siempre me han ido creando la ilusión de que un ente ajeno a mí, terminará por imbuirme del conocimiento necesario para ir tomando correctamente mis decisiones.
La verdad es que, ahora que ya llevo durando unos pocos años por este mundo, me paro y sigo sin tener ni idea de qué hacer. No me visitó ningún hada, dios, arcángel o espíritu. Nada ni nadie me ha dicho nunca cómo acertar. No hay método. Ni garantías, claro.
Sí, tengo trazas, intuiciones, someros trozos de razón que parecen decirme qué hacer, hacia donde ir. Pero poco o nada tienen que ver con la realidad. Son percepciones subjetivas, sutiles, sesgadas y partidistas. Todo queda muy lejos de los hechos.
También es cierto que tengo mi albedrío, pero ¿qué es si no una manera más de equivocarse o acertar? "Albedrío" no es más que otro camino para meter la pata. Por propia voluntad.
No sirve. Y no sirve porque, aunque hayas errado y aprendido, no vale de mucho. No ocurrirá dos veces exactamente lo mismo, así que no valdrá dos veces la misma decisión ni la opuesta. Como decía antes, no tienes más que meras aproximaciones a lo desconocido.
Así, toda tu vida entera se convierte en una prueba de laboratorio perpetua. Un experimento previo al ensayo real, que será la siguiente decisión. Y una vez tomada esa decisión, sea cual sea, instantáneamente se convertira en un dato más para el siguiente experimento, conducente a resolver el siguiente dilema. Y así por siempre.
Y si alguien tiene la respuesta, por favor, que levante la mano.
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Van Morrison - Really don't know
domingo, 11 de julio de 2010
Aún recuerdo cuando las cosas salían bien
Éramos un buen equipo. Tú por mí y yo por tí.
Era agradable saber que siempre, pasase lo que pasase, alguien estaría incondicionalmente de tu parte. Claro, imperaba el sentido común y eso nos garantizaba que no tendríamos que defender lo indefendible. Que también lo habríamos hecho.
Eran días de grandes planes, de dibujar la vida entre dos. Pensando, imaginando, queriendo que las cosas fueran de una manera y no de otra. Con muy pocos probables, casi sin posibles. Pero con ilusión.
Teníamos las ganas y las fuerzas de plantarle cara al Mundo.
Pero terminó. Ni bien ni mal. Tan sólo terminó, casi para siempre.
Nuestros caminos se volverían a cruzar. Una vez el azar, la otra tu voluntad. Ninguna de las dos eran necesarias. Que vuelva a ocurrir, la verdad, ya da igual.
Todo lo demás, me lo guardaré por ahora.
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Elton John - I'm still standing.
Era agradable saber que siempre, pasase lo que pasase, alguien estaría incondicionalmente de tu parte. Claro, imperaba el sentido común y eso nos garantizaba que no tendríamos que defender lo indefendible. Que también lo habríamos hecho.
Eran días de grandes planes, de dibujar la vida entre dos. Pensando, imaginando, queriendo que las cosas fueran de una manera y no de otra. Con muy pocos probables, casi sin posibles. Pero con ilusión.
Teníamos las ganas y las fuerzas de plantarle cara al Mundo.
Pero terminó. Ni bien ni mal. Tan sólo terminó, casi para siempre.
Nuestros caminos se volverían a cruzar. Una vez el azar, la otra tu voluntad. Ninguna de las dos eran necesarias. Que vuelva a ocurrir, la verdad, ya da igual.
Todo lo demás, me lo guardaré por ahora.
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Elton John - I'm still standing.
domingo, 13 de junio de 2010
Increíblemente
Sí. Aún tiene una mirada contagiosamente alegre.
Con todo lo ocurrido, aún le queda algo dentro que le empuja a seguir adelante. A duras penas.
Hemos hablado de su omnipresente tenis, de saques, liftados, reveses y mil cosas más. También durante un largo rato del pasado. Evocando recuerdos de todos los que ya no están, recorriendo pasillos y habitaciones ahora desiertos. Trayendo a la memoria imágenes y situaciones para tragárselas con amargura un rato después.
Pero ha merecido la pena. Mucho.
Le he arrancado alguna sonrisa, por un instante casi se sustrae de todo lo que le rodea. Casi se ha sentido bien.
No es poco.
También ha habido tiempo para hablar del futuro, que pinta bastante oscuro. Pero entre todos han salido algunas ideas que le pueden venir bien.
Hoy ha empezado el resto de su vida más que nunca, y así lo vé. Espero y deseo de todo corazón que se reponga de ésta, que la vida se muestre algo más benévola y clemente con él, y le dé tregua. Que le permita vivir. Que de eso se trata.
Ánimo.
-------------
Antonio Flores - Arriba los corazones.
Con todo lo ocurrido, aún le queda algo dentro que le empuja a seguir adelante. A duras penas.
Hemos hablado de su omnipresente tenis, de saques, liftados, reveses y mil cosas más. También durante un largo rato del pasado. Evocando recuerdos de todos los que ya no están, recorriendo pasillos y habitaciones ahora desiertos. Trayendo a la memoria imágenes y situaciones para tragárselas con amargura un rato después.
Pero ha merecido la pena. Mucho.
Le he arrancado alguna sonrisa, por un instante casi se sustrae de todo lo que le rodea. Casi se ha sentido bien.
No es poco.
También ha habido tiempo para hablar del futuro, que pinta bastante oscuro. Pero entre todos han salido algunas ideas que le pueden venir bien.
Hoy ha empezado el resto de su vida más que nunca, y así lo vé. Espero y deseo de todo corazón que se reponga de ésta, que la vida se muestre algo más benévola y clemente con él, y le dé tregua. Que le permita vivir. Que de eso se trata.
Ánimo.
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Antonio Flores - Arriba los corazones.
sábado, 12 de junio de 2010
Qué puta es la vida
Tengo un amigo.
Es un tipo afable, bonachón, sincero, trabajador, honrado y amigo de sus amigos. Tiene debilidad por el tenis. Devora libros sin compasión y le encanta aprender cosas. No le gustan las medias tintas ni los problemas y camina por la vida tranquilo, a su aire, sin hacer daño a nadie.
Le envuelve un acento que confunde a los necios, que no pasan de gazmoños trasnochados, que le dan por inculto o inferior. Craso error. Pero ese es su problema. De ellos.
Pues este amigo mío tiene una mirada contagiosamente alegre e inexplicablemente llena de vida. Porque ya ha visto mucha muerte.
Este buen hombre se ha pasado la vida encajando durísimos golpes. El más reciente hace unos días.
En sus veintitantos años, ha enterrado a los más queridos de los suyos y, el consuelo que queda, es que quedan menos que enterrar. Menos golpes por venir.
La mayor parte de estas bajas han sido crueles, dolorosas y, como todas, injustas. Sin tiempo para rehacerse entre ellas. Sin tregua.
Ayer estuve más de sesenta kilómetros pensando en él, mientras venía a mi ciudad para verle y charlar un rato.
No logro entender por qué la vida demuestra esta saña con él. Aunque suene a tópio, no se lo merece. Ni él ni muchos de los que se fueron.
No es justo. En el sentido universal de justicia. Lo que tú y yo entendemos por justo. Bisoños conceptos religiosos, metafóricos, éticos o judiciales a parte.
No puedo imaginar lo que debe haber sentido cuando todo hubo terminado. Cuando los amigos y familiares hayan vuelto a sus casas, con los suyos. Cuando la deshumanizada locura administrativa hubo terminado. Cuando él volviera a su casa.
Ese instante en que cerró la puerta tras de sí, enfrentándose a solas con una enorme casa, otrora llena de los suyos, ahora vacía. El último acaba de irse.
No es justo. De ninguna manera.
Me lo imagino llorando, a solas por fuerza y a oscuras por gusto o quizá por necesidad.
Hoy lo veré un rato, después de todo lo ocurrido. Quiero ver su mirada.
-------------
091 - La vida qué mala es
Pachelbel - Canon para piano
Es un tipo afable, bonachón, sincero, trabajador, honrado y amigo de sus amigos. Tiene debilidad por el tenis. Devora libros sin compasión y le encanta aprender cosas. No le gustan las medias tintas ni los problemas y camina por la vida tranquilo, a su aire, sin hacer daño a nadie.
Le envuelve un acento que confunde a los necios, que no pasan de gazmoños trasnochados, que le dan por inculto o inferior. Craso error. Pero ese es su problema. De ellos.
Pues este amigo mío tiene una mirada contagiosamente alegre e inexplicablemente llena de vida. Porque ya ha visto mucha muerte.
Este buen hombre se ha pasado la vida encajando durísimos golpes. El más reciente hace unos días.
En sus veintitantos años, ha enterrado a los más queridos de los suyos y, el consuelo que queda, es que quedan menos que enterrar. Menos golpes por venir.
La mayor parte de estas bajas han sido crueles, dolorosas y, como todas, injustas. Sin tiempo para rehacerse entre ellas. Sin tregua.
Ayer estuve más de sesenta kilómetros pensando en él, mientras venía a mi ciudad para verle y charlar un rato.
No logro entender por qué la vida demuestra esta saña con él. Aunque suene a tópio, no se lo merece. Ni él ni muchos de los que se fueron.
No es justo. En el sentido universal de justicia. Lo que tú y yo entendemos por justo. Bisoños conceptos religiosos, metafóricos, éticos o judiciales a parte.
No puedo imaginar lo que debe haber sentido cuando todo hubo terminado. Cuando los amigos y familiares hayan vuelto a sus casas, con los suyos. Cuando la deshumanizada locura administrativa hubo terminado. Cuando él volviera a su casa.
Ese instante en que cerró la puerta tras de sí, enfrentándose a solas con una enorme casa, otrora llena de los suyos, ahora vacía. El último acaba de irse.
No es justo. De ninguna manera.
Me lo imagino llorando, a solas por fuerza y a oscuras por gusto o quizá por necesidad.
Hoy lo veré un rato, después de todo lo ocurrido. Quiero ver su mirada.
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091 - La vida qué mala es
Pachelbel - Canon para piano
viernes, 4 de junio de 2010
Sí o no
Semanas llevaba pensando en esta acampada.
Al contrario de lo que podría parecer, con más ilusión cada día. Porque cada día es más probable que sea la última que haga.
Como siempre, y cada vez más, ha sido difícil. Dificil de encontrar los días, de poner de acuerdo a la gente. Unos se iban descolgando y tenía que ir buscando otros. Y todos con sus condiciones y reticencias. No ha sido fácil.
Pero al fín me iba. Ya olía la sierra, los pinos, notaba el sol quemándome la nuca y los kilos de la mochila.
A menos de un día de irme, con una simple llamada de teléfono, me dinamitan la acampada y aquí estoy, desmontando la mochila que con tanta ilusión he estado preparando todos estos días.
Para ser sincero, esta vez me ha dolido menos por dos motivos: El compañero ya me había gastado la misma jugada otra vez, y tampoco daba por hecho, ni por seguro, que me fuera. Como así ha sido al final.
Ahora sólo me queda relfexionar.
A la vista está que cada vez es más dificil, mucho más dificil, irme al campo, con mi mochila. Un simple fin de semana se antoja a estas alturas casi inasumible. No digamos juntar tres o cuatro días en la sierra, pateando montes, veredas, cortafuegos y caminos.
La gente es demasiado cómoda. Hasta límites que nunca imaginé. Salvo algunas excepciones que son entendibles, de sentido común.
Prefieren desperdiciar un puente o unas vacaciones, yéndose de cañas y tapitas, exactamente igual que hacen el resto de días de su anodina existencia. Se les antoja descabellado emplear un par de días en hacer algún esfuerzo, por mínimo que sea. Tener que caminar diez minutos para recoger agua, buscar y partir leña o, simplemente, tener que llevar su comida a cuestas. Es mejor que te traigan la tapa, caliente, desde la cocina hasta tu propia mesa. Pagas y en paz.
Y ante esto tengo que posicionarme. Tan sólo tengo dos opciones:
- Me resigno y asumo que nunca volveré a la sierra. Me deshago de todo el material que he ido acumulando (con esfuerzo) a lo largo de tantos años y me convierto en otro ser anodino y gris que emplea su tiempo libre en ir de bar en bar, tomando tapitas.
- O me revelo y me voy a la montaña. Haciendo caso omiso a una de mis premisas básicas: A la montaña NO SE VA SOLO.
Pues en esas estamos, pensando si sí o si no.
Al contrario de lo que podría parecer, con más ilusión cada día. Porque cada día es más probable que sea la última que haga.
Como siempre, y cada vez más, ha sido difícil. Dificil de encontrar los días, de poner de acuerdo a la gente. Unos se iban descolgando y tenía que ir buscando otros. Y todos con sus condiciones y reticencias. No ha sido fácil.
Pero al fín me iba. Ya olía la sierra, los pinos, notaba el sol quemándome la nuca y los kilos de la mochila.
A menos de un día de irme, con una simple llamada de teléfono, me dinamitan la acampada y aquí estoy, desmontando la mochila que con tanta ilusión he estado preparando todos estos días.
Para ser sincero, esta vez me ha dolido menos por dos motivos: El compañero ya me había gastado la misma jugada otra vez, y tampoco daba por hecho, ni por seguro, que me fuera. Como así ha sido al final.
Ahora sólo me queda relfexionar.
A la vista está que cada vez es más dificil, mucho más dificil, irme al campo, con mi mochila. Un simple fin de semana se antoja a estas alturas casi inasumible. No digamos juntar tres o cuatro días en la sierra, pateando montes, veredas, cortafuegos y caminos.
La gente es demasiado cómoda. Hasta límites que nunca imaginé. Salvo algunas excepciones que son entendibles, de sentido común.
Prefieren desperdiciar un puente o unas vacaciones, yéndose de cañas y tapitas, exactamente igual que hacen el resto de días de su anodina existencia. Se les antoja descabellado emplear un par de días en hacer algún esfuerzo, por mínimo que sea. Tener que caminar diez minutos para recoger agua, buscar y partir leña o, simplemente, tener que llevar su comida a cuestas. Es mejor que te traigan la tapa, caliente, desde la cocina hasta tu propia mesa. Pagas y en paz.
Y ante esto tengo que posicionarme. Tan sólo tengo dos opciones:
- Me resigno y asumo que nunca volveré a la sierra. Me deshago de todo el material que he ido acumulando (con esfuerzo) a lo largo de tantos años y me convierto en otro ser anodino y gris que emplea su tiempo libre en ir de bar en bar, tomando tapitas.
- O me revelo y me voy a la montaña. Haciendo caso omiso a una de mis premisas básicas: A la montaña NO SE VA SOLO.
Pues en esas estamos, pensando si sí o si no.
miércoles, 21 de abril de 2010
Medias naranjas
Hoy me dijeron que "todavía no ha llegado mi media naranja".
¿Quién decide qué media naranja es la mía? ¿Por qué tiene que ser media? ¿No puedo esperar una naranja entera?
Es más, porqué no pensar que "mi media naranja" llegó y se la llevó otro. O que puede llegar ya exprimida.
¿Hay sólo una media naranja?
Ya no quiero medias naranjas. Cada vez me gustan menos las medias cosas. Las medias tintas, las medias verdades.... quedarse a medias.
Voy prefiriendo más las cosas enteras, auténticas y que merecen la pena; aunque sean menos. Me llena más.
Volviendo al tema frutícola, hay que recordar que todo lo que empieza, por definición, tiene un final.
Cuando llega "tu media naranja" te sientes pleno, es "tu otra mitad". Ya estás entero.
Es una trampa ruin y encubierta envuelta en papel celofán de oferta. Porque igual que vino se irá. Es cuestión de tiempo.
Entonces te quedas, literalmente, partido. Sangras por medio cuerpo y no tienes manera de recomponerte porque simple y llanamente, no tienes con qué. Se fue o se lo llevaron.
Pues me niego.
Cada día que pasa estoy más convencido de que soy una naranja entera. No necesito de partes o aditamentos para ser yo ni para ser feliz (esa palabra se merece un blog entero).
Tampoco pienso ir de frutero en frutero buscando medias naranjas. No las quiero. Tengo cosas mucho más importantes que hacer y no es cuestión de perder el tiempo en semejante escrutinio.
Y todo esto no es óbice para que un día aparezca rodando una naranja y decida seguir rodando a su lado por esta cuesta abajo que es la vida.
El día que nos separemos, seguiré siendo yo. Con un montón de recuerdos y heridas, pero yo al fin y al cabo.
Entonces tan sólo habremos dejado de ser nosotros, para convertirnos en tú y yo. Y espero sinceramente que no termine siendo un tú contra mí.
-------------
Esmeralda Grao. Exactamente igual que tú - Exactamente igual que tú.
Rosana. Lunas rotas - No sé mañana.
¿Quién decide qué media naranja es la mía? ¿Por qué tiene que ser media? ¿No puedo esperar una naranja entera?
Es más, porqué no pensar que "mi media naranja" llegó y se la llevó otro. O que puede llegar ya exprimida.
¿Hay sólo una media naranja?
Ya no quiero medias naranjas. Cada vez me gustan menos las medias cosas. Las medias tintas, las medias verdades.... quedarse a medias.
Voy prefiriendo más las cosas enteras, auténticas y que merecen la pena; aunque sean menos. Me llena más.
Volviendo al tema frutícola, hay que recordar que todo lo que empieza, por definición, tiene un final.
Cuando llega "tu media naranja" te sientes pleno, es "tu otra mitad". Ya estás entero.
Es una trampa ruin y encubierta envuelta en papel celofán de oferta. Porque igual que vino se irá. Es cuestión de tiempo.
Entonces te quedas, literalmente, partido. Sangras por medio cuerpo y no tienes manera de recomponerte porque simple y llanamente, no tienes con qué. Se fue o se lo llevaron.
Pues me niego.
Cada día que pasa estoy más convencido de que soy una naranja entera. No necesito de partes o aditamentos para ser yo ni para ser feliz (esa palabra se merece un blog entero).
Tampoco pienso ir de frutero en frutero buscando medias naranjas. No las quiero. Tengo cosas mucho más importantes que hacer y no es cuestión de perder el tiempo en semejante escrutinio.
Y todo esto no es óbice para que un día aparezca rodando una naranja y decida seguir rodando a su lado por esta cuesta abajo que es la vida.
El día que nos separemos, seguiré siendo yo. Con un montón de recuerdos y heridas, pero yo al fin y al cabo.
Entonces tan sólo habremos dejado de ser nosotros, para convertirnos en tú y yo. Y espero sinceramente que no termine siendo un tú contra mí.
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Esmeralda Grao. Exactamente igual que tú - Exactamente igual que tú.
Rosana. Lunas rotas - No sé mañana.
sábado, 13 de febrero de 2010
Sopa o teta
La vida entera llevo queriendo lo que no puedo tener.
Como dijo alguien "el hombre es el único animal inconsolable por naturaleza". Cierto. Lo curioso es que el hombre parecía ser el único animal consolable.
Eso deja en muy mal lugar al consuelo.
Hay pocas, muy pocas cosas que realmente quiera. Eso viene a ser una ventaja.
El problema llega cuando sabes que algunas de esas cosas que quieres con toda tu alma, jamás nunca las tendrás.
Pero las sigues queriendo.
Por más años que pasen, por muy claro que lo veas. Aunque lo entiendas. Incluso sabiendo que es lo mejor que podía pasar. Aún así las quieres. Al menos, te sigues descubriendo imaginando a qué sabrá ese caramelo que nunca probarás.
Harto de esperar, o más bien desesperar, te das cuenta de que te irá mejor poniendo rumbo a otros puertos. Y sueltas amarras, largas velas y empiezas de nuevo. Como siempre, sin tripulación.
Y te das cuenta de que eres más libre que nunca, más libre que nadie. Tú eres tu propio señor. Decides tu destino a cada instante. Y lo sientes más aún cuando el viento te da en la cara, cuando alguna tomenta te azota... y ganas.
Entonces gritas, ríes y saltas. Y te das cuenta de que tu libertad es lo que más quieres en este mundo. Por fín lo tienes claro. Te quedarás para siempre en mar abierto.
Te duermes, sueñas, recuerdas, añoras.... y quieres compartir esa libertad con alguien. Quieres llegar a algún puerto, contar tus aventuras y escuchar otras.
Y aquí está la paradoja: No hay puertos en mar abierto. El mero hecho de compartir esa libertad la limita. Cualquier compañero de vieje tiene voz y voto. De otro modo, sería un prisionero.
Ahora elige:
A un lado Asia
al otro Europa
y al frente....
Al frente estás tú.
-------------
Los Suaves. Santa Compaña - Si pudiera.
Como dijo alguien "el hombre es el único animal inconsolable por naturaleza". Cierto. Lo curioso es que el hombre parecía ser el único animal consolable.
Eso deja en muy mal lugar al consuelo.
Hay pocas, muy pocas cosas que realmente quiera. Eso viene a ser una ventaja.
El problema llega cuando sabes que algunas de esas cosas que quieres con toda tu alma, jamás nunca las tendrás.
Pero las sigues queriendo.
Por más años que pasen, por muy claro que lo veas. Aunque lo entiendas. Incluso sabiendo que es lo mejor que podía pasar. Aún así las quieres. Al menos, te sigues descubriendo imaginando a qué sabrá ese caramelo que nunca probarás.
Harto de esperar, o más bien desesperar, te das cuenta de que te irá mejor poniendo rumbo a otros puertos. Y sueltas amarras, largas velas y empiezas de nuevo. Como siempre, sin tripulación.
Y te das cuenta de que eres más libre que nunca, más libre que nadie. Tú eres tu propio señor. Decides tu destino a cada instante. Y lo sientes más aún cuando el viento te da en la cara, cuando alguna tomenta te azota... y ganas.
Entonces gritas, ríes y saltas. Y te das cuenta de que tu libertad es lo que más quieres en este mundo. Por fín lo tienes claro. Te quedarás para siempre en mar abierto.
Te duermes, sueñas, recuerdas, añoras.... y quieres compartir esa libertad con alguien. Quieres llegar a algún puerto, contar tus aventuras y escuchar otras.
Y aquí está la paradoja: No hay puertos en mar abierto. El mero hecho de compartir esa libertad la limita. Cualquier compañero de vieje tiene voz y voto. De otro modo, sería un prisionero.
Ahora elige:
A un lado Asia
al otro Europa
y al frente....
Al frente estás tú.
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Los Suaves. Santa Compaña - Si pudiera.
sábado, 6 de febrero de 2010
Y si.....
¿Y si me cago en Dios (cualquiera) y me termino colando por una chavala del Opus?
¿Y si digo alto y claro que donde curro es una empresa de mierda, UNA PUTA MIERDA, y mi jefe es parte del aforo?
¿Y si al final todo es mentira y me he pasado media vida intentando darle sentido?
¿Y si me cago en el Opus (y en los Kikos) y punto?
Pues eso: No lo sabes.
Ahora la cuestión es decidir qué hacer. ¿Te sigues cagando en Dios (el que sea), diciendo las cosas como las ves, comíendote el coco y cagándote en el Opus (y los Kikos); o te olvidas de todo, para lo bueno y lo malo, y vives más traquilo?.
La teoría es fácil: Haz lo que te plazca y punto. El problema es esta conciencia que nos han construido. Debes ser listo, más que los demás, verlas venir, caer encima, caer de pié... Pero nada se dice de vivir a gusto. A gusto contigo mismo, no con los demás (los que te han construido esa conciencia).
Ahí, justo ahí nacen las "mentiras piadosas". Esas "mentirijillas" que dices porque "le tienes aprecio". Ahí caben los típicos: "Es un hijo de mil padres, pero como es tu amigo, le he dicho que es buena gente", "A gilipollas no le gana naide, pero como es mi cuñado le reí la gracia", "La has cagado con todas las letras, pero eres mi amgio y te diré que todo estuvo de coña".
No. Las cosas no debieran ser así. Pero la cuestión no es esa. Sino más bien ¿estamos dispuestos a soportarlo? ¿PODEMOS soportarlo?
¿Y si tu mejor amigo te dijera, en aras de esa sinceridad que todos pedimos: "Has sido un capullo al decir eso", "No, no me gusta la foto que le hiciste a tu camaleón este verano", "Las cosas no se hacen así Bartolito", "No, no cantas bien" o "Esa imitación de Pedro Reyes es un asco"?
Ahí las cosas cambian. Cuando al que "hieren" es a uno, los criterios se suavizan, mutan, adecúan a la propia conveniencia.
Todos invocamos la sinceridad, pero la sinceridad contra los demás. Esa especie de patente de corso para poder "herir" a otros, protegidos por algo tan puro y bueno como la sinceridad y su consecuencia directa: La verdad. El bien supermo.
Pero cuando son los demás los que, con las mismas armas, nos hieren a nosotros, entonces y justo entoncees echamos cuentas de las mentiras piadosas.
Cuando la persona que nos requisa el aliento con el suyo es del mismísimo Opus, entonces es cuando medimos nuestras palabras.
Cuando el compañero de mesa y mantel es nuestro jefe de turno, justo entonces nos esforzamos por callar o, simplemente, contar las bondades de esta empresa tan graciosa que nos tiene ocupados de luenes a viernes.
Entonces, y justo entonces, es cuando nuestro cuñado nos cae bien y le hacemos un favor. Por no montar un cristo en la familia.
¿Y si te reafirmaras en tu opinion de que el Opus (y los Kikos) es una mierda, que tu jefe es un gilipollas con galones y que tu colega, por mucho que lo intente, jamás será Pedro Reyes? (Por no hablar del cuñado).
Pues estarás mucho más solo, mucho más pobre, mucho más en el infierno.
Pero serás mucho más tú. Pésele a quien le pese.
¿Y si digo alto y claro que donde curro es una empresa de mierda, UNA PUTA MIERDA, y mi jefe es parte del aforo?
¿Y si al final todo es mentira y me he pasado media vida intentando darle sentido?
¿Y si me cago en el Opus (y en los Kikos) y punto?
Pues eso: No lo sabes.
Ahora la cuestión es decidir qué hacer. ¿Te sigues cagando en Dios (el que sea), diciendo las cosas como las ves, comíendote el coco y cagándote en el Opus (y los Kikos); o te olvidas de todo, para lo bueno y lo malo, y vives más traquilo?.
La teoría es fácil: Haz lo que te plazca y punto. El problema es esta conciencia que nos han construido. Debes ser listo, más que los demás, verlas venir, caer encima, caer de pié... Pero nada se dice de vivir a gusto. A gusto contigo mismo, no con los demás (los que te han construido esa conciencia).
Ahí, justo ahí nacen las "mentiras piadosas". Esas "mentirijillas" que dices porque "le tienes aprecio". Ahí caben los típicos: "Es un hijo de mil padres, pero como es tu amigo, le he dicho que es buena gente", "A gilipollas no le gana naide, pero como es mi cuñado le reí la gracia", "La has cagado con todas las letras, pero eres mi amgio y te diré que todo estuvo de coña".
No. Las cosas no debieran ser así. Pero la cuestión no es esa. Sino más bien ¿estamos dispuestos a soportarlo? ¿PODEMOS soportarlo?
¿Y si tu mejor amigo te dijera, en aras de esa sinceridad que todos pedimos: "Has sido un capullo al decir eso", "No, no me gusta la foto que le hiciste a tu camaleón este verano", "Las cosas no se hacen así Bartolito", "No, no cantas bien" o "Esa imitación de Pedro Reyes es un asco"?
Ahí las cosas cambian. Cuando al que "hieren" es a uno, los criterios se suavizan, mutan, adecúan a la propia conveniencia.
Todos invocamos la sinceridad, pero la sinceridad contra los demás. Esa especie de patente de corso para poder "herir" a otros, protegidos por algo tan puro y bueno como la sinceridad y su consecuencia directa: La verdad. El bien supermo.
Pero cuando son los demás los que, con las mismas armas, nos hieren a nosotros, entonces y justo entoncees echamos cuentas de las mentiras piadosas.
Cuando la persona que nos requisa el aliento con el suyo es del mismísimo Opus, entonces es cuando medimos nuestras palabras.
Cuando el compañero de mesa y mantel es nuestro jefe de turno, justo entonces nos esforzamos por callar o, simplemente, contar las bondades de esta empresa tan graciosa que nos tiene ocupados de luenes a viernes.
Entonces, y justo entonces, es cuando nuestro cuñado nos cae bien y le hacemos un favor. Por no montar un cristo en la familia.
¿Y si te reafirmaras en tu opinion de que el Opus (y los Kikos) es una mierda, que tu jefe es un gilipollas con galones y que tu colega, por mucho que lo intente, jamás será Pedro Reyes? (Por no hablar del cuñado).
Pues estarás mucho más solo, mucho más pobre, mucho más en el infierno.
Pero serás mucho más tú. Pésele a quien le pese.
martes, 26 de enero de 2010
Hoy no quiero verte
Y no significa que ya no te quiera.
Tampoco necesitamos hablarlo ni aclararlo. Porque no significa nada. Tan solo, hoy no quiero verte.
Igual que no quiero estar siempre en un concierto, durmiendo o borracho. Necesito poder echarte de menos de vez en cuando.
Nunca pretendí convertirte, ni quise que te convirtieras, en el aire que respiro. Aunque te quiera lo mismo o más. No se trata de batir ninguna marca de permanencia ni de estar más juntos que nadie. No es eso. No quiero ser una pareja ideal. Me basta con esa sonrisa tuya de "todo va bien". Con encontrar tu mirada en una tormenta de caras desconocidas y saber que estás tan harta como yo, y que nos vamos a casa. El sentimiento de saberte cerca, de mi parte. Y yo de la tuya, a tu lado.
Me gusta.
Me gustas.
La vida se soporta mucho mejor contigo. Es igual de ruin y cobarde, pero las heridas y las miserias duelen menos si tú me ayudas a curarlas.
Estoy convencido de que quiero seguir navegando contigo mañana, aunque haya tormenta, aunque no tengamos puerto. Aunque perdamos de nuevo las velas y vayamos a la deriva, pero juntos.
Aún así, hoy no quiero verte.
No hay "otra". No tengo ninguna aventura, no ha cambiado nada, no se ha roto nada. Y no te miento.
Hoy quiero mirar a mi alrededor y ver solo el mundo, sólo.
Quiero volver a sentir el calor del hogar, cuando se vuelve de una cruda noche de nieve. Dejar el invierno puertas a fuera y acurrucarme en tu primavera. Encontrar el leve rastro de tu olor colgando del aire, tu disco favorito llenando la casa, ver tus pies con sus calcetines gigantes de lana, bajando a saltos la escalera. Y tu abrazo, que cura todo.
Quizá por esto hoy no quiera verte.
-------------
Cómplices. Cousas de meigas - Hoy necesito.
Tampoco necesitamos hablarlo ni aclararlo. Porque no significa nada. Tan solo, hoy no quiero verte.
Igual que no quiero estar siempre en un concierto, durmiendo o borracho. Necesito poder echarte de menos de vez en cuando.
Nunca pretendí convertirte, ni quise que te convirtieras, en el aire que respiro. Aunque te quiera lo mismo o más. No se trata de batir ninguna marca de permanencia ni de estar más juntos que nadie. No es eso. No quiero ser una pareja ideal. Me basta con esa sonrisa tuya de "todo va bien". Con encontrar tu mirada en una tormenta de caras desconocidas y saber que estás tan harta como yo, y que nos vamos a casa. El sentimiento de saberte cerca, de mi parte. Y yo de la tuya, a tu lado.
Me gusta.
Me gustas.
La vida se soporta mucho mejor contigo. Es igual de ruin y cobarde, pero las heridas y las miserias duelen menos si tú me ayudas a curarlas.
Estoy convencido de que quiero seguir navegando contigo mañana, aunque haya tormenta, aunque no tengamos puerto. Aunque perdamos de nuevo las velas y vayamos a la deriva, pero juntos.
Aún así, hoy no quiero verte.
No hay "otra". No tengo ninguna aventura, no ha cambiado nada, no se ha roto nada. Y no te miento.
Hoy quiero mirar a mi alrededor y ver solo el mundo, sólo.
Quiero volver a sentir el calor del hogar, cuando se vuelve de una cruda noche de nieve. Dejar el invierno puertas a fuera y acurrucarme en tu primavera. Encontrar el leve rastro de tu olor colgando del aire, tu disco favorito llenando la casa, ver tus pies con sus calcetines gigantes de lana, bajando a saltos la escalera. Y tu abrazo, que cura todo.
Quizá por esto hoy no quiera verte.
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Cómplices. Cousas de meigas - Hoy necesito.
domingo, 24 de enero de 2010
Plan B
Desde siempre, desde pequeños, desde el principio, nos meten la idea en la cabeza de que todo saldrá bien. De una manera sutil, sibilina, imperceptible, subliminal. Pero inexorable en indeleble.
Si somos buenos (y todos lo somos) obtendremos la recompensa de turno: Por haber estudiado, tendremos un buen futuro; gracias al trabajo de toda una vida, tendremos un buen retiro.
Y así lo creemos, a pies juntillas.
Y nos dejamos la piel estudiando algo que ni nos gusta. Con mucho esfuerzo y sacrificio, al final, tenemos nuestra recompensa y nos dan un título, el que sea. Y lo guardamos y mostramos con el orgullo que implica lo sufrido. No por lo que el título en sí significa. Y empezamos a creer que es verdad, que el sistema funciona.
Luego llega el tiempo de seguir sufriendo por el ansiado trabajo. Prácticas interminables, becas esclavistas y trabajos rayanos en la ilegalidad. Y lo soportamos con entereza, pensando en el buen puesto que nos espera en pago de tantos trabajos.
Creemos la que física elemental, con su principio de acción y reacción, también rige en estos menesteres. Que a un sacrificio, un esfuerzo, un sufrimiento, indefectiblemente, le acompaña la recompensa.
Solemos dar cosas por hecho. Muchas cosas. Casi todas. Estamos completamente seguros de lo que ocurrirá. Y de que merecerá la pena.
Tenemos asumido que, tras mucho esfuerzo, se consigue algo bueno. Invariablemente.
Pero no caemos en la cuenta de que esto no siempre es así. En ningún sitio se garantiza que las cosas sean así. También hay acontecimientos, hechos, accidentes. Ajenos a nosotros. Imprevistos. Letales.
Nunca pensamos en Andrew, Katrina, Chernobil, un tsunami, un terremoto haitiano o alguna oportunista guerra.
Tampoco hace falta llegar a tanto. Estos eventos pueden ser mucho más concretos. Tener nombre y apellidos.
Peor aún, puede que ni siquiera los haya. Entonces tampoco tendrás una triste razón que justifique nada. Puede que, simplemente, no ocurra lo que dabas por hecho que tenía que ocurrir.
Todo puede irse a la mierda, en medio segundo. Todo puede desaparecer. En ese preciso instante, toda tu vida puede diluirse sin remedio en la nada. No habrá recompensa.
¿Y si ocurre? ¿Tienes un plan B?
Si somos buenos (y todos lo somos) obtendremos la recompensa de turno: Por haber estudiado, tendremos un buen futuro; gracias al trabajo de toda una vida, tendremos un buen retiro.
Y así lo creemos, a pies juntillas.
Y nos dejamos la piel estudiando algo que ni nos gusta. Con mucho esfuerzo y sacrificio, al final, tenemos nuestra recompensa y nos dan un título, el que sea. Y lo guardamos y mostramos con el orgullo que implica lo sufrido. No por lo que el título en sí significa. Y empezamos a creer que es verdad, que el sistema funciona.
Luego llega el tiempo de seguir sufriendo por el ansiado trabajo. Prácticas interminables, becas esclavistas y trabajos rayanos en la ilegalidad. Y lo soportamos con entereza, pensando en el buen puesto que nos espera en pago de tantos trabajos.
Creemos la que física elemental, con su principio de acción y reacción, también rige en estos menesteres. Que a un sacrificio, un esfuerzo, un sufrimiento, indefectiblemente, le acompaña la recompensa.
Solemos dar cosas por hecho. Muchas cosas. Casi todas. Estamos completamente seguros de lo que ocurrirá. Y de que merecerá la pena.
Tenemos asumido que, tras mucho esfuerzo, se consigue algo bueno. Invariablemente.
Pero no caemos en la cuenta de que esto no siempre es así. En ningún sitio se garantiza que las cosas sean así. También hay acontecimientos, hechos, accidentes. Ajenos a nosotros. Imprevistos. Letales.
Nunca pensamos en Andrew, Katrina, Chernobil, un tsunami, un terremoto haitiano o alguna oportunista guerra.
Tampoco hace falta llegar a tanto. Estos eventos pueden ser mucho más concretos. Tener nombre y apellidos.
Peor aún, puede que ni siquiera los haya. Entonces tampoco tendrás una triste razón que justifique nada. Puede que, simplemente, no ocurra lo que dabas por hecho que tenía que ocurrir.
Todo puede irse a la mierda, en medio segundo. Todo puede desaparecer. En ese preciso instante, toda tu vida puede diluirse sin remedio en la nada. No habrá recompensa.
¿Y si ocurre? ¿Tienes un plan B?