sábado, 13 de febrero de 2010

Sopa o teta

  La vida entera llevo queriendo lo que no puedo tener.

  Como dijo alguien "el hombre es el único animal inconsolable por naturaleza". Cierto. Lo curioso es que el hombre parecía ser el único animal consolable.

  Eso deja en muy mal lugar al consuelo.

  Hay pocas, muy pocas cosas que realmente quiera. Eso viene a ser una ventaja.

  El problema llega cuando sabes que algunas de esas cosas que quieres con toda tu alma, jamás nunca las tendrás.
  Pero las sigues queriendo.

  Por más años que pasen, por muy claro que lo veas. Aunque lo entiendas. Incluso sabiendo que es lo mejor que podía pasar. Aún así las quieres. Al menos, te sigues descubriendo imaginando a qué sabrá ese caramelo que nunca probarás.

  Harto de esperar, o más bien desesperar, te das cuenta de que te irá mejor poniendo rumbo a otros puertos. Y sueltas amarras, largas velas y empiezas de nuevo. Como siempre, sin tripulación.

  Y te das cuenta de que eres más libre que nunca, más libre que nadie. Tú eres tu propio señor. Decides tu destino a cada instante. Y lo sientes más aún cuando el viento te da en la cara, cuando alguna tomenta te azota... y ganas.

  Entonces gritas, ríes y saltas. Y te das cuenta de que tu libertad es lo que más quieres en este mundo. Por fín lo tienes claro. Te quedarás para siempre en mar abierto.

  Te duermes, sueñas, recuerdas, añoras.... y quieres compartir esa libertad con alguien. Quieres llegar a algún puerto, contar tus aventuras y escuchar otras.

  Y aquí está la paradoja: No hay puertos en mar abierto. El mero hecho de compartir esa libertad la limita. Cualquier compañero de vieje tiene voz y voto. De otro modo, sería un prisionero.

  Ahora elige:

  A un lado Asia
al otro Europa
y al frente....

  Al frente estás tú.

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Los Suaves. Santa Compaña - Si pudiera.