La tarde se terminaba pero no el frío que trajo. El viento me afilaba la cara mientras me escupía unas pequeñas gotas de la tormenta que moría a lo lejos. O puede que fueran los primeros y minúsculos copos de nieve de este nuevo invierno.
Como siempre, llevaba el abrigo a medio cerrar, para poder sentir algo de frío.
Me hacía sentir más activo, algo más vivo. Como si peleara cuerpo a cuerpo contra el invierno. Una estupidez.
Me obligué a salir de casa, a alejarme un poco del trabajo y de mis queridos libros, con los que tanto disfruto. Pero que no dejan de ser vidas ajenas, en el mejor de los casos; en otros, puras invenciones.
Me obligué, en definitiva, a estar un rato a solas conmigo mismo. Pensando en esto y aquello. En la cantidad de excusas que llevo inventándome para evitar conseguir alguno de mis sueños. Como si, algún día, fuera capaz de inventarme alguna mentira, tan buena, que me pudiera engañar a mí mismo.
Seguía dando vueltas por la ciudad, sin mucho sentido.
De repente, me encontré siguiendo las huellas húmedas que alguien había abandonado en un pasaje. Y, cuando le daba el tercer puntapié a una piedrecita que me acompañaba, vibró el teléfono.
Extraño. ¿Un correo? A esas horas hasta el spam me dejaba tranquilo.
No era un correo, sino un mensaje de texto.
Más extraño aún.
Era una amiga. Andaba como yo, matando horas entre cafeterías, libros y paseos. Me preguntaba si andaba libre y si me apetecía verla.
Claro que sí.
Giré en la siguiente esquina y en escasos quince minutos estábamos con un té con menta entre las manos. No hubo grandes bienvenidas. Un par de besos, un "cómo estás" y otro "qué poco has tardado".
Ninguno teníamos muchas ganas de hablar. Más bien de compañía. De tener alguien cerca. De ver una cara amiga. De pensar en otra cosa.
Terminamos el té y, con un poco de calor en el cuerpo, seguimos paseando. Con las manos en los bolsillos los dos. Protegiéndolas del inclemente viento y sin saber qué hacer con ellas. Ella por la acera y yo por la calzada.
A esas horas ya no había tráfico y se podía caminar sin mucha preocupación.
La luz naranja de las farolas brillaba en los adoquines, pulidos por años de rodaduras y aún mojados por la reciente tormenta. La calle estaba desierta, inhóspita.
La conversación animada y trivial de la cafetería se fue apagando. Cada vez cabían más pasos entre cada palabra.
Hasta que no hubo palabras.
Hasta que no hubo pasos.
Paró en seco. Lo que me dejó un par de metros por delante. Se quedó mirando al suelo. Contando la única losa que había bajo sus pies. Me giré y retrocedí, lo que nos dejó frente a frente.
No sabía desde cuándo ni porqué, pero estaba llorando. Queriendo hundir aquella losa con su mirada. O partirla con sus lágrimas.
No recuedo cómo, pero la estaba abrazando. Fue un acto reflejo de cariño, afecto o calor humano.
Me abrazó.
En seguida noté su calor en el pecho y, muy poco después, cómo sus lágrimas compartían su cara y mi cuello, camino del suelo que no alcanzarían.
Pese al frio que nos rodeaba, se derritió su coraza delante mía.
- "Nunca me han querido". Apretó su abrazo. Casi era incómodo, y en cierta manera gratificante.
- "Hay mucha gente que ya te quiere, que te cuida, que se preocupa de ti. Y lo sabes". Yo apreté también un poco más, rodeándola entera con ambos brazos, arrancándola por un momento del mundo y perdiendo mi cara entre su melena.
- "No. Necesito que me quieran de verdad. Sin condiciones. Por el tiempo que sea, pero sin condiciones. Sin mentiras. Sin traiciones. Sin trampas ni peajes".
- "Es cuestión de tiempo que ocurra. Y verás que más pronto que tarde. Seguro". Una mentira piadosa como otra cualquiera. Pero dicha en un abrazo, entre su pelo, parecía más verdad. Tenía que serlo.
- "¿Y si no?".
- "Será que sí. Cualquier día aparecerá alguien. Queriendo jugarse su buena suerte, a doble o nada, contra la tuya mala; y queriendo perder. Dispuesto a recorrer tus esquinas y curvas, día sí y día también, hasta que tu piel eche de menos las llemas de sus dedos. Y las llame. Y vuelvan. Que quiera saber cómo se muere la noche tras tus cortinas, cómo amargan tus penas, a qué saben tus alegrías...". Iba aflojando su abrazo, poco a poco. Pero sin despegar la cara.
- "Suena bien. Demasiado bien. Pero no cuela. ¿O acaso conoces alquien así?".
- "No. Ya no".
Me habría gustado darle demasiados besos, decirle que sí, decirle muchas cosas, pero ya no creo que pueda darle lo que ella estaba buscando. Aunque ella me lo pidiera y yo quisiera. Ya no. Además, todos los principios tienen finales y, en mi caso, los unos suelen estar muy cerca de los otros.
- "¿Ya no? ¿Quién era? ¿Dónde está?".
- "Hace mucho que no tengo noticias suyas. No creo que le vuelva a ver".
- "Ah... Claro... Un tipo así no existe. No deja de ser una mentira piadosa que, la verdad, no necesito".
- "No, no es ninguna mentira; ni piadosa ni de ningún tipo. Ese tipo existió. Intentó acercarse a ti. Y alguna noche, con la confianza tramposa que dan las copas, le contaste alguna pena".
- "¿Y quién es? No termino de creerme lo que me estás contando".
- "Se dice el pecado, no el pecador. Lo que sé de él, me lo contó también entre copas traicioneras (aún no sé si queriendo o sin querer), poco antes de desaparecer. Cuando se dió cuenta de que tus penas eran suyas, y tus alegrías de los demás".
Entonces ya estábamos frente a frente, mirándonos a los ojos y soportando un viento atroz que se empeñaba en tapar su cara con su pelo. El abrazo había terminado hacía un rato y los restos de sus lágrimas se helaban en mi camisa. Torció el gesto en una mezcla de incredulidad e inquisición.
- "La verdad, no recuerdo nada de eso".
- "Claro que no. Simpre has tenido una muchedumbre a tu alrededor, y siempre has prestado más atención a la novedad, la moda, el ruido y los fuegos artificiales... A la gente bohemia, de paso, que dura poco porque pronto llega gente nueva que los desplaza con nuevas modas y costumbres. Y ahora, que esa gente no te llena porque no tiene nada que ofrecer, sientes como la soledad te acosa y te muerde los talones. Notas cómo el próximo fin de semana, puente o vacaciones te aprieta contra las cuerdas, y no tienes con quién planearlo. Es lo que realmente temes. Ver una película a solas por fuerza y no por gusto. Hacer palomitas para uno. Recorrer la cama de noche, para terminar encontrando el final del colchón o a alguien distinto al de ayer o el mes pasado. Tener un sólo un cepillo de dientes en el lavabo. Ahora te gustaría haber reparado en el tipo normal que se apostó su vida por la tuya a cambio de nada, porque te parece exótico e increíble. Porque nunca estuviste con nadie así. Pero pronto volverá a ser gris y común. Más aún cuando aparezca alguien exagerado, lleno de colores y modas que te deslumbre de nuevo".
Aunque una gigantesca bufanda le tapaba la boca, juraría que la tenía abierta. Pero no tapaba sus ojos que me estaban atravesando sin piedad.
No sabría decir si me estaba interrogando o, símplemente, se estaba contemplando desde fuera por primera vez. Interrogándose a sí misma.
La lluvia decidió unirse a la reunión. El frío hacía rato que estaba con nosotros, desde dentro.
Sin mediar palabra ni gesto alguno, sacudió la cabeza, volvió a este mundo, me dió un beso y olí su pelo una vez más. Giró sobre sus pasos y comenzó a caminar, calle arriba. Se fue por donde habíamos venido y desapareció al girar la esquina.
Yo continué mi camino a casa, que se hizo más largo, más frío, más invierno.
-------------
Una noche
con más frío que gente
nos paramos frente a frente.
Tu mirada me decía
que la mía delataba
que desde ese día
ya no habría mañana.
-------------
Elefante - Contigo.
Elefante - Ven.
martes, 6 de marzo de 2012
miércoles, 27 de julio de 2011
Tengo una amiga
Que busca con desesperación un corazón en el que protegerse del suyo. Y eso la pierde. La desesperación.
La verdad es que no tiene mucho con lo que contar: Un puñado de amigos, muchas ganas de casi todo, decisión y mala suerte. Pero no se rinde. Porque es valiente y terca. Ella sola pelea contra viento, marea y el mundo entero que se ponga por delante. En fila de uno o todos de golpe. No le importa.
Desafiando a todo y a todos, lo intenta una y otra vez. Se embarca una y otra vez. Se arriesga una y otra vez. Y suele perder.
Casi la envidio.
Siempre tiene un nuevo proyecto en la cabeza. Cada vez que la ves te cuenta su nueva idea, que se va o que ya vuelve de alguna otra ciudad, que ha hecho no se qué o que acaba de empezarlo. Siempre en movimiento.
No sé si será su prisa por conseguir algo, por salir de donde está, por cambiar de una vez por todas... Pero da por buenas algunas cosas (y personas) demasiado pronto. Y claro, se da cuenta de que no eran tan buenas cuando se ve de nuevo curando sus heridas. Demasiado tarde otra vez.
Pero bueno, si vuelve a ocurrir, volveremos a echarnos unas cervezas, a darle cariño, compañía, alguna nueva idea... lo que haga falta.
Y se volverá a levantar.
-------------
Calle 13 - Me voy pal norte (con Orishas)
Tracy Chapman - All you have is your soul.
La verdad es que no tiene mucho con lo que contar: Un puñado de amigos, muchas ganas de casi todo, decisión y mala suerte. Pero no se rinde. Porque es valiente y terca. Ella sola pelea contra viento, marea y el mundo entero que se ponga por delante. En fila de uno o todos de golpe. No le importa.
Desafiando a todo y a todos, lo intenta una y otra vez. Se embarca una y otra vez. Se arriesga una y otra vez. Y suele perder.
Casi la envidio.
Siempre tiene un nuevo proyecto en la cabeza. Cada vez que la ves te cuenta su nueva idea, que se va o que ya vuelve de alguna otra ciudad, que ha hecho no se qué o que acaba de empezarlo. Siempre en movimiento.
No sé si será su prisa por conseguir algo, por salir de donde está, por cambiar de una vez por todas... Pero da por buenas algunas cosas (y personas) demasiado pronto. Y claro, se da cuenta de que no eran tan buenas cuando se ve de nuevo curando sus heridas. Demasiado tarde otra vez.
Pero bueno, si vuelve a ocurrir, volveremos a echarnos unas cervezas, a darle cariño, compañía, alguna nueva idea... lo que haga falta.
Y se volverá a levantar.
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Calle 13 - Me voy pal norte (con Orishas)
Tracy Chapman - All you have is your soul.
martes, 12 de julio de 2011
Cuánto te quiero
Eres la luz que ilumina mis trémulos pasos. La que sin querer me empuja hacia adelante con sólo estar. La que me hace grande y poderoso.
Te has convertido, sin pretenderlo tú ni quererlo yo, en la persona con la quiero recorrer esta vida mientras pueda. Lo que me faltaba y que no sabía lo que era. Porque yo sin ti.....
Una mierda.
Así han empezado (y empezarán) miles, millones, de historias que, más temprano que tarde, terminarán con el membrete del Ministerio de Justicia.
Un tercero, ajeno y necesario, terminará por impartir justicia y decidir quién es el más malo de los dos. Quién se queda con el perro, el coche y/o el piso.
Y, de paso, les dará un fabuloso arma: Los hijos.
Con ella podrán guerrear durante, al menos, 18 añitos (prisión mayor). Que dan para mucho.
En aras de su bien, de los niños, empezarán a sacarse los ojos. A pedir manutenciones de colegios carísimos que nunca hicieron falta hasta entonces; a ir corriendo al juez para contarle que ayer devolvieron a su hijo diez minutos tarde; comportándose como si ese hijo fuera, de repente, tan sólo de uno de ellos... Y, probablemente, también comience el lavado de cerebro para hacerle ver lo malvado que es el otro. Lo cual deja en muy mal lugar a uno mismo; porque, ese otro, no mucho tiempo atrás, le escribía o inspiraba las líneas del principio.
"Nada hay permanente, excepto el cambio". Es cierto.
Pero una cosa es que una pera madure para estar más buena, y otra muy distinta es que nuestro super héroe particular, invencible e inspirador, se convierta en un pequeño cubo de estiercol.
Una cosa es "cambiar" y otra es "transformarse".
Pero puede que el problema no sea del otro, sino nuestro.
Puede que, simplemente, no quisimos ver qué guardaba la cáscara, y dimos el libro por bueno con sólo ver el lomo. Por miedo a saber qué había dentro, por las prisas, por viver en Nunca jamás... Quién sabe.
Puede que albergásemos la falsa y peligrosísima esperanza de cambiarle con el tiempo. De pasar por alto esos detalles irritantes, insoportables y que, al fin y a la postre, también conforman esa persona que has elegido. Que la hace única entre todas las demás.
Ahora no vale tirarlo todo por la borda, quedarte con lo que te interese y pretender que no ha pasado nada. Te toca apencar con lo que tú has elegido y salir adelante de la mejor manera posible. Para todos.
No te queda otra que seguir viviendo, por eso te interesa que sea lo mejor posible.
... y me preguntan por qué no tengo novia.
-------------
Tonino Carotone - Me cago en el amor.
Te has convertido, sin pretenderlo tú ni quererlo yo, en la persona con la quiero recorrer esta vida mientras pueda. Lo que me faltaba y que no sabía lo que era. Porque yo sin ti.....
Una mierda.
Así han empezado (y empezarán) miles, millones, de historias que, más temprano que tarde, terminarán con el membrete del Ministerio de Justicia.
Un tercero, ajeno y necesario, terminará por impartir justicia y decidir quién es el más malo de los dos. Quién se queda con el perro, el coche y/o el piso.
Y, de paso, les dará un fabuloso arma: Los hijos.
Con ella podrán guerrear durante, al menos, 18 añitos (prisión mayor). Que dan para mucho.
En aras de su bien, de los niños, empezarán a sacarse los ojos. A pedir manutenciones de colegios carísimos que nunca hicieron falta hasta entonces; a ir corriendo al juez para contarle que ayer devolvieron a su hijo diez minutos tarde; comportándose como si ese hijo fuera, de repente, tan sólo de uno de ellos... Y, probablemente, también comience el lavado de cerebro para hacerle ver lo malvado que es el otro. Lo cual deja en muy mal lugar a uno mismo; porque, ese otro, no mucho tiempo atrás, le escribía o inspiraba las líneas del principio.
"Nada hay permanente, excepto el cambio". Es cierto.
Pero una cosa es que una pera madure para estar más buena, y otra muy distinta es que nuestro super héroe particular, invencible e inspirador, se convierta en un pequeño cubo de estiercol.
Una cosa es "cambiar" y otra es "transformarse".
Pero puede que el problema no sea del otro, sino nuestro.
Puede que, simplemente, no quisimos ver qué guardaba la cáscara, y dimos el libro por bueno con sólo ver el lomo. Por miedo a saber qué había dentro, por las prisas, por viver en Nunca jamás... Quién sabe.
Puede que albergásemos la falsa y peligrosísima esperanza de cambiarle con el tiempo. De pasar por alto esos detalles irritantes, insoportables y que, al fin y a la postre, también conforman esa persona que has elegido. Que la hace única entre todas las demás.
Ahora no vale tirarlo todo por la borda, quedarte con lo que te interese y pretender que no ha pasado nada. Te toca apencar con lo que tú has elegido y salir adelante de la mejor manera posible. Para todos.
No te queda otra que seguir viviendo, por eso te interesa que sea lo mejor posible.
... y me preguntan por qué no tengo novia.
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Tonino Carotone - Me cago en el amor.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Vuelta a empezar
Tengo calada hasta los huesos la sensación de que donde quiera que esté, estoy de paso.
Voy rodando por aquí y por allá. Limitándome a estar.
Más de dos años está durando ya esta nueva temporada.
Me mudé y empecé a montar eso que llaman un hogar (el mío). Intentando disfrazar un piso frío y común en algún lugar en el que pareciera que vivía yo.
No me lo terminaba de creer, en gran parte porque yo mismo no me lo permitía. "Al final todo termina", me decía. Aún así, compré alguna tontería en un vano intento de que ese espejismo tuviera algo de real: Un farolillo.
Venía a ser mi versión de unas figuritas de Lladró. O un jarrón cualquiera.
Con más obligación que ilusión, fui llenando la casa de "mis cosas": La guitarra, mis discos, mis ordenadores...
Esto empezaba a funcionar. Incluso compré, en un acto irracional de amo de casa, algun instrumento completamente prescindible pero utilísimo para la cocina. Incluso cabría decir que visito con cierta asiduidad la sección Hogar de los centros comerciales.
En breve invitaría a mis amigos, a que vinieran a pasar algún fin de semana conmigo.
Pues una vez más estoy haciendo las maletas. Llenando bolsas. Preparando bultos. Una vez más, estoy a las puertas de cambiar de nuevo mi rumbo. Cambiar de nuevo de trabajo, de barrio, de piso, de ciudad. De empezar de cero.
Ya es mecánico. No pesa ni ilusiona. Simplemente ocurre. Es parte de mi rutina vital. Llegar, estar, partir, empezar... Es como vivir en un tren: Lo único que me acompaña soy yo mismo. Absolutamente todo lo demás son decorados que van cambiando con las circunstancias.
Sólo me queda esperar los acontecimientos, y acomodarme lo mejor que pueda en este nuevo vagón que me llevará a algún otro sitio. Como siempre, desconocido y, como siempre, de paso.
Viajeros al tren.
-------------
Miguel Rios - El blues del autobus.
Miguel Rios - Voy en tren.
Los Suaves - Otra noche, otra ciudad.
Voy rodando por aquí y por allá. Limitándome a estar.
Más de dos años está durando ya esta nueva temporada.
Me mudé y empecé a montar eso que llaman un hogar (el mío). Intentando disfrazar un piso frío y común en algún lugar en el que pareciera que vivía yo.
No me lo terminaba de creer, en gran parte porque yo mismo no me lo permitía. "Al final todo termina", me decía. Aún así, compré alguna tontería en un vano intento de que ese espejismo tuviera algo de real: Un farolillo.
Venía a ser mi versión de unas figuritas de Lladró. O un jarrón cualquiera.
Con más obligación que ilusión, fui llenando la casa de "mis cosas": La guitarra, mis discos, mis ordenadores...
Esto empezaba a funcionar. Incluso compré, en un acto irracional de amo de casa, algun instrumento completamente prescindible pero utilísimo para la cocina. Incluso cabría decir que visito con cierta asiduidad la sección Hogar de los centros comerciales.
En breve invitaría a mis amigos, a que vinieran a pasar algún fin de semana conmigo.
Pues una vez más estoy haciendo las maletas. Llenando bolsas. Preparando bultos. Una vez más, estoy a las puertas de cambiar de nuevo mi rumbo. Cambiar de nuevo de trabajo, de barrio, de piso, de ciudad. De empezar de cero.
Ya es mecánico. No pesa ni ilusiona. Simplemente ocurre. Es parte de mi rutina vital. Llegar, estar, partir, empezar... Es como vivir en un tren: Lo único que me acompaña soy yo mismo. Absolutamente todo lo demás son decorados que van cambiando con las circunstancias.
Sólo me queda esperar los acontecimientos, y acomodarme lo mejor que pueda en este nuevo vagón que me llevará a algún otro sitio. Como siempre, desconocido y, como siempre, de paso.
Viajeros al tren.
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Miguel Rios - El blues del autobus.
Miguel Rios - Voy en tren.
Los Suaves - Otra noche, otra ciudad.
martes, 14 de septiembre de 2010
No tengo ni idea
"Esas cosas las da la vida", "Con los años se aprende", "El tiempo te lo dirá".... etc.
Todos desde siempre me han ido creando la ilusión de que un ente ajeno a mí, terminará por imbuirme del conocimiento necesario para ir tomando correctamente mis decisiones.
La verdad es que, ahora que ya llevo durando unos pocos años por este mundo, me paro y sigo sin tener ni idea de qué hacer. No me visitó ningún hada, dios, arcángel o espíritu. Nada ni nadie me ha dicho nunca cómo acertar. No hay método. Ni garantías, claro.
Sí, tengo trazas, intuiciones, someros trozos de razón que parecen decirme qué hacer, hacia donde ir. Pero poco o nada tienen que ver con la realidad. Son percepciones subjetivas, sutiles, sesgadas y partidistas. Todo queda muy lejos de los hechos.
También es cierto que tengo mi albedrío, pero ¿qué es si no una manera más de equivocarse o acertar? "Albedrío" no es más que otro camino para meter la pata. Por propia voluntad.
No sirve. Y no sirve porque, aunque hayas errado y aprendido, no vale de mucho. No ocurrirá dos veces exactamente lo mismo, así que no valdrá dos veces la misma decisión ni la opuesta. Como decía antes, no tienes más que meras aproximaciones a lo desconocido.
Así, toda tu vida entera se convierte en una prueba de laboratorio perpetua. Un experimento previo al ensayo real, que será la siguiente decisión. Y una vez tomada esa decisión, sea cual sea, instantáneamente se convertira en un dato más para el siguiente experimento, conducente a resolver el siguiente dilema. Y así por siempre.
Y si alguien tiene la respuesta, por favor, que levante la mano.
-------------
Van Morrison - Really don't know
Todos desde siempre me han ido creando la ilusión de que un ente ajeno a mí, terminará por imbuirme del conocimiento necesario para ir tomando correctamente mis decisiones.
La verdad es que, ahora que ya llevo durando unos pocos años por este mundo, me paro y sigo sin tener ni idea de qué hacer. No me visitó ningún hada, dios, arcángel o espíritu. Nada ni nadie me ha dicho nunca cómo acertar. No hay método. Ni garantías, claro.
Sí, tengo trazas, intuiciones, someros trozos de razón que parecen decirme qué hacer, hacia donde ir. Pero poco o nada tienen que ver con la realidad. Son percepciones subjetivas, sutiles, sesgadas y partidistas. Todo queda muy lejos de los hechos.
También es cierto que tengo mi albedrío, pero ¿qué es si no una manera más de equivocarse o acertar? "Albedrío" no es más que otro camino para meter la pata. Por propia voluntad.
No sirve. Y no sirve porque, aunque hayas errado y aprendido, no vale de mucho. No ocurrirá dos veces exactamente lo mismo, así que no valdrá dos veces la misma decisión ni la opuesta. Como decía antes, no tienes más que meras aproximaciones a lo desconocido.
Así, toda tu vida entera se convierte en una prueba de laboratorio perpetua. Un experimento previo al ensayo real, que será la siguiente decisión. Y una vez tomada esa decisión, sea cual sea, instantáneamente se convertira en un dato más para el siguiente experimento, conducente a resolver el siguiente dilema. Y así por siempre.
Y si alguien tiene la respuesta, por favor, que levante la mano.
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Van Morrison - Really don't know
domingo, 11 de julio de 2010
Aún recuerdo cuando las cosas salían bien
Éramos un buen equipo. Tú por mí y yo por tí.
Era agradable saber que siempre, pasase lo que pasase, alguien estaría incondicionalmente de tu parte. Claro, imperaba el sentido común y eso nos garantizaba que no tendríamos que defender lo indefendible. Que también lo habríamos hecho.
Eran días de grandes planes, de dibujar la vida entre dos. Pensando, imaginando, queriendo que las cosas fueran de una manera y no de otra. Con muy pocos probables, casi sin posibles. Pero con ilusión.
Teníamos las ganas y las fuerzas de plantarle cara al Mundo.
Pero terminó. Ni bien ni mal. Tan sólo terminó, casi para siempre.
Nuestros caminos se volverían a cruzar. Una vez el azar, la otra tu voluntad. Ninguna de las dos eran necesarias. Que vuelva a ocurrir, la verdad, ya da igual.
Todo lo demás, me lo guardaré por ahora.
-------------
Elton John - I'm still standing.
Era agradable saber que siempre, pasase lo que pasase, alguien estaría incondicionalmente de tu parte. Claro, imperaba el sentido común y eso nos garantizaba que no tendríamos que defender lo indefendible. Que también lo habríamos hecho.
Eran días de grandes planes, de dibujar la vida entre dos. Pensando, imaginando, queriendo que las cosas fueran de una manera y no de otra. Con muy pocos probables, casi sin posibles. Pero con ilusión.
Teníamos las ganas y las fuerzas de plantarle cara al Mundo.
Pero terminó. Ni bien ni mal. Tan sólo terminó, casi para siempre.
Nuestros caminos se volverían a cruzar. Una vez el azar, la otra tu voluntad. Ninguna de las dos eran necesarias. Que vuelva a ocurrir, la verdad, ya da igual.
Todo lo demás, me lo guardaré por ahora.
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Elton John - I'm still standing.
domingo, 13 de junio de 2010
Increíblemente
Sí. Aún tiene una mirada contagiosamente alegre.
Con todo lo ocurrido, aún le queda algo dentro que le empuja a seguir adelante. A duras penas.
Hemos hablado de su omnipresente tenis, de saques, liftados, reveses y mil cosas más. También durante un largo rato del pasado. Evocando recuerdos de todos los que ya no están, recorriendo pasillos y habitaciones ahora desiertos. Trayendo a la memoria imágenes y situaciones para tragárselas con amargura un rato después.
Pero ha merecido la pena. Mucho.
Le he arrancado alguna sonrisa, por un instante casi se sustrae de todo lo que le rodea. Casi se ha sentido bien.
No es poco.
También ha habido tiempo para hablar del futuro, que pinta bastante oscuro. Pero entre todos han salido algunas ideas que le pueden venir bien.
Hoy ha empezado el resto de su vida más que nunca, y así lo vé. Espero y deseo de todo corazón que se reponga de ésta, que la vida se muestre algo más benévola y clemente con él, y le dé tregua. Que le permita vivir. Que de eso se trata.
Ánimo.
-------------
Antonio Flores - Arriba los corazones.
Con todo lo ocurrido, aún le queda algo dentro que le empuja a seguir adelante. A duras penas.
Hemos hablado de su omnipresente tenis, de saques, liftados, reveses y mil cosas más. También durante un largo rato del pasado. Evocando recuerdos de todos los que ya no están, recorriendo pasillos y habitaciones ahora desiertos. Trayendo a la memoria imágenes y situaciones para tragárselas con amargura un rato después.
Pero ha merecido la pena. Mucho.
Le he arrancado alguna sonrisa, por un instante casi se sustrae de todo lo que le rodea. Casi se ha sentido bien.
No es poco.
También ha habido tiempo para hablar del futuro, que pinta bastante oscuro. Pero entre todos han salido algunas ideas que le pueden venir bien.
Hoy ha empezado el resto de su vida más que nunca, y así lo vé. Espero y deseo de todo corazón que se reponga de ésta, que la vida se muestre algo más benévola y clemente con él, y le dé tregua. Que le permita vivir. Que de eso se trata.
Ánimo.
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Antonio Flores - Arriba los corazones.