lunes, 21 de diciembre de 2009

Todas las cosas buenas...

...que nunca haremos.

Todas las buenas intenciones, los gestos y las palabras reconfortantes que no diremos y que nadie sentirá. Que nadie agradecerá.

Es mentira, la intención no cuenta.

De buenas y malas intenciones está el mundo lleno. Grandes proyectos, promesas incumplibles o no, que nunca dejarán de serlo.
Grandes venganzas, envidias, trampas y traiciones que, por suerte, tampoco lo serán jamás.

Los grandes planes con que adornamos nuestras grandes esperanzas son los que endulzan nuestra impotencia o desidia. Lo que nos hace sentir mejores que el de enfrente, porque tenemos "esa gran idea" que algún día haremos realidad.

Y seguimos soñando. No dejamos de parir nuevas criaturas que nunca llenan nuestra cabeza. Y dando forma a lo informe. Sopesando pros y contras de situaciones a las que nunca daremos pié para existir. Porque somos demasiado cobardes para conseguir lo que imaginamos o soñanos.
Sintiéndonos mejores al rumiar una idea que nadie conoce, que a nadie importa.

Nadie brilla. Los que más, deslumbran. Con la intención de cegar, de que no les veamos a ellos y descubramos que tras esa luz, hay un ser común y pedestre como cualquier otro. Y la mayoría se aprovecha de esa luz, a expensas de no gastar la propia. Probablemente porque no la tenga.

Pero nos sentimos mejor. Al ver que alguien tuvo los arrestos de pelear por su idea, por su sueño, creemos que nos pone más cerca de conseguir los propios. Nos decimos "si él ha podido, ¿por qué no yo?"

Y el tiempo pasa, y al final te das cuenta de que la vida es aquello que nos pasa mientras hacemos grandes planes.

jueves, 12 de marzo de 2009

Lo bueno del fango

  ... y empiezas viviendo la vida de otros. Literalmente. Dentro de ellos. En particular de ella: Tu madre.

  Luego te das cuenta de que ahí fuera hay un mundo gigantesco y desconocido. Pero de otros.

  Es justo entonces, cuando decides pelear por tu parte, por hacer tuyo un pequeño trozo de ese mundo. Para luego querer compartirlo.

  Es en esos días cuando las aguas son fuertes, arrastran con lo que haga falta. Se desbordan, mueven o arrasan lo que se ponga por delante, pero poco queda. Quizá alguna herida.

  Luego te vas dando cuenta de que cada cosa tiene su tiempo. Que hay asuntos que más te vale sopesar. Y comienzas a pensar. Teniendo aún, pero controlando, tus impulsos juveniles. Las aguas se van calmando. Con algún remolino repentino que te hace pasar un mal rato. Sigues siendo un rio. Con sus remansos, con su fuerza y con sus trampas.
  Pero ya mueves menos rocas, te acostumbras más a los cauces, soportas con paciencia las presas.

  El terreno es más llano y vas viendo venir las cosas desde más lejos.

  A la vez va quedando a tu paso un somero poso. Un poco de tí mismo. Es lo que has llevado tanto tiempo contigo que ni te dabas cuenta de que estaba ahí. Y ahora lo empiezas a dejar.

  Y con más tiempo, más dificultades, más camino recorrido, pareces un lago. Ancho, sereno, tranquilo, fuerte. Casi sin violencias ni estrépitos.

  Todo tu alrededor está lleno de fango. Todo el que se acerca a ti lo ve. Unos lo evitan, otros van a recogerlo.

  Lo has ido guardando durante todo tu camino. Tu esencia misma. Ni lo mejor ni lo peor, sino TÚ.

  Cuando eso pasa, es demasiado tarde para replantearte nada, tan sólo te queda aceptar lo que ves. Ya no se puede volver aguas arriba a por nada que dejaste.

  Y más o menos poco después, cuando un buen día estés pensando en el camino recorrido, te darás cuenta de que no hay un lecho debajo de ti. Sentirás un vacío. Ya no habrá riveras ni árboles que marquen tu camino y ningún puente esperará que le des su razón de ser. Habrá calma absoluta...

  Habrá sal.

martes, 10 de marzo de 2009

Desde aquí hasta.... pfffff (T a saber)

Día 0. Osea, día nada.

Aquí empiezo, que poco o nada tiene que ver con que continúe, pero seguro que sí terminará.

Son las once y (bastante) pico de la noche, tengo sueño y ningunas ganas de escribir en ningún sitio, por lo que seré parco y económico en palabras, no por ello sacrificando el mensaje:

Hasta otra.