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martes, 12 de julio de 2011

Cuánto te quiero

  Eres la luz que ilumina mis trémulos pasos. La que sin querer me empuja hacia adelante con sólo estar. La que me hace grande y poderoso.

  Te has convertido, sin pretenderlo tú ni quererlo yo, en la persona con la quiero recorrer esta vida mientras pueda. Lo que me faltaba y que no sabía lo que era. Porque yo sin ti.....


  Una mierda.

    Así han empezado (y empezarán) miles, millones, de historias que, más temprano que tarde, terminarán con el membrete del Ministerio de Justicia.

  Un tercero, ajeno y necesario, terminará por impartir justicia y decidir quién es el más malo de los dos. Quién se queda con el perro, el coche y/o el piso.
  Y, de paso, les dará un fabuloso arma: Los hijos.
  Con ella podrán guerrear durante, al menos, 18 añitos (prisión mayor). Que dan para mucho.

  En aras de su bien, de los niños, empezarán a sacarse los ojos. A pedir manutenciones de colegios carísimos que nunca hicieron falta hasta entonces; a ir corriendo al juez para contarle que ayer devolvieron a su hijo diez minutos tarde; comportándose como si ese hijo fuera, de repente, tan sólo de uno de ellos... Y, probablemente, también comience el lavado de cerebro para hacerle ver lo malvado que es el otro. Lo cual deja en muy mal lugar a uno mismo; porque, ese otro, no mucho tiempo atrás, le escribía o inspiraba las líneas del principio.

  "Nada hay permanente, excepto el cambio". Es cierto.

  Pero una cosa es que una pera madure para estar más buena, y otra muy distinta es que nuestro super héroe particular, invencible e inspirador, se convierta en un pequeño cubo de estiercol.

  Una cosa es "cambiar" y otra es "transformarse".


  Pero puede que el problema no sea del otro, sino nuestro.

  Puede que, simplemente, no quisimos ver qué guardaba la cáscara, y dimos el libro por bueno con sólo ver el lomo. Por miedo a saber qué había dentro, por las prisas, por viver en Nunca jamás... Quién sabe.
  Puede que albergásemos la falsa y peligrosísima esperanza de cambiarle con el tiempo. De pasar por alto esos detalles irritantes, insoportables y que, al fin y a la postre, también conforman esa persona que has elegido. Que la hace única entre todas las demás.

  Ahora no vale tirarlo todo por la borda, quedarte con lo que te interese y pretender que no ha pasado nada. Te toca apencar con lo que tú has elegido y salir adelante de la mejor manera posible. Para todos.

  No te queda otra que seguir viviendo, por eso te interesa que sea lo mejor posible.

 
  ... y me preguntan por qué no tengo novia.

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Tonino Carotone - Me cago en el amor.

domingo, 11 de julio de 2010

Aún recuerdo cuando las cosas salían bien

  Éramos un buen equipo. Tú por mí y yo por tí.

  Era agradable saber que siempre, pasase lo que pasase, alguien estaría incondicionalmente de tu parte. Claro, imperaba el sentido común y eso nos garantizaba que no tendríamos que defender lo indefendible. Que también lo habríamos hecho.

  Eran días de grandes planes, de dibujar la vida entre dos. Pensando, imaginando, queriendo que las cosas fueran de una manera y no de otra. Con muy pocos probables, casi sin posibles. Pero con ilusión.

  Teníamos las ganas y las fuerzas de plantarle cara al Mundo.

  Pero terminó. Ni bien ni mal. Tan sólo terminó, casi para siempre.

  Nuestros caminos se volverían a cruzar. Una vez el azar, la otra tu voluntad. Ninguna de las dos eran necesarias. Que vuelva a ocurrir, la verdad, ya da igual.

  Todo lo demás, me lo guardaré por ahora.

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 Elton John - I'm still standing.

domingo, 13 de junio de 2010

Increíblemente

  Sí. Aún tiene una mirada contagiosamente alegre.


  Con todo lo ocurrido, aún le queda algo dentro que le empuja a seguir adelante. A duras penas.


  Hemos hablado de su omnipresente tenis, de saques, liftados, reveses y mil cosas más. También durante un largo rato del pasado. Evocando recuerdos de todos los que ya no están, recorriendo pasillos y habitaciones ahora desiertos. Trayendo a la memoria imágenes y situaciones para tragárselas con amargura un rato después.

 Pero ha merecido la pena. Mucho.


  Le he arrancado alguna sonrisa, por un instante casi se sustrae de todo lo que le rodea. Casi se ha sentido bien.


  No es poco.

   También ha habido tiempo para hablar del futuro, que pinta bastante oscuro. Pero entre todos han salido algunas ideas que le pueden venir bien.

  Hoy ha empezado el resto de su vida más que nunca, y así lo vé. Espero y deseo de todo corazón que se reponga de ésta, que la vida se muestre algo más benévola y clemente con él, y le dé tregua. Que le permita vivir. Que de eso se trata.


  Ánimo.

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Antonio Flores - Arriba los corazones.

viernes, 4 de junio de 2010

Sí o no

  Semanas llevaba pensando en esta acampada.

  Al contrario de lo que podría parecer, con más ilusión cada día. Porque cada día es más probable que sea la última que haga.

  Como siempre, y cada vez más, ha sido difícil. Dificil de encontrar los días, de poner de acuerdo a la gente. Unos se iban descolgando y tenía que ir buscando otros. Y todos con sus condiciones y reticencias. No ha sido fácil.

  Pero al fín me iba. Ya olía la sierra, los pinos, notaba el sol quemándome la nuca y los kilos de la mochila.

  A menos de un día de irme, con una simple llamada de teléfono, me dinamitan la acampada y aquí estoy, desmontando la mochila que con tanta ilusión he estado preparando todos estos días.

  Para ser sincero, esta vez me ha dolido menos por dos motivos: El compañero ya me había gastado la misma jugada otra vez, y tampoco daba por hecho, ni por seguro, que me fuera. Como así ha sido al final.

  Ahora sólo me queda relfexionar.

  A la vista está que cada vez es más dificil, mucho más dificil, irme al campo, con mi mochila. Un simple fin de semana se antoja a estas alturas casi inasumible. No digamos juntar tres o cuatro días en la sierra, pateando montes, veredas, cortafuegos y caminos.

  La gente es demasiado cómoda. Hasta límites que nunca imaginé. Salvo algunas excepciones que son entendibles, de sentido común.

  Prefieren desperdiciar un puente o unas vacaciones, yéndose de cañas y tapitas, exactamente igual que hacen el resto de días de su anodina existencia. Se les antoja descabellado emplear un par de días en hacer algún esfuerzo, por mínimo que sea. Tener que caminar diez minutos para recoger agua, buscar y partir leña o, simplemente, tener que llevar su comida a cuestas. Es mejor que te traigan la tapa, caliente, desde la cocina hasta tu propia mesa. Pagas y en paz.

  Y ante esto tengo que posicionarme. Tan sólo tengo dos opciones:

  - Me resigno y asumo que nunca volveré a la sierra. Me deshago de todo el material que he ido acumulando (con esfuerzo) a lo largo de tantos años y me convierto en otro ser anodino y gris que emplea su tiempo libre en ir de bar en bar, tomando tapitas.
  - O me revelo y me voy a la montaña. Haciendo caso omiso a una de mis premisas básicas: A la montaña NO SE VA SOLO.

  Pues en esas estamos, pensando si sí o si no.

martes, 26 de enero de 2010

Hoy no quiero verte

Y no significa que ya no te quiera.

Tampoco necesitamos hablarlo ni aclararlo. Porque no significa nada. Tan solo, hoy no quiero verte.

Igual que no quiero estar siempre en un concierto, durmiendo o borracho. Necesito poder echarte de menos de vez en cuando.

Nunca pretendí convertirte, ni quise que te convirtieras, en el aire que respiro. Aunque te quiera lo mismo o más. No se trata de batir ninguna marca de permanencia ni de estar más juntos que nadie. No es eso. No quiero ser una pareja ideal. Me basta con esa sonrisa tuya de "todo va bien". Con encontrar tu mirada en una tormenta de caras desconocidas y saber que estás tan harta como yo, y que nos vamos a casa. El sentimiento de saberte cerca, de mi parte. Y yo de la tuya, a tu lado.

Me gusta.

Me gustas.

La vida se soporta mucho mejor contigo. Es igual de ruin y cobarde, pero las heridas y las miserias duelen menos si tú me ayudas a curarlas.

Estoy convencido de que quiero seguir navegando contigo mañana, aunque haya tormenta, aunque no tengamos puerto. Aunque perdamos de nuevo las velas y vayamos a la deriva, pero juntos.

Aún así, hoy no quiero verte.

No hay "otra". No tengo ninguna aventura, no ha cambiado nada, no se ha roto nada. Y no te miento.

Hoy quiero mirar a mi alrededor y ver solo el mundo, sólo.

Quiero volver a sentir el calor del hogar, cuando se vuelve de una cruda noche de nieve. Dejar el invierno puertas a fuera y acurrucarme en tu primavera. Encontrar el leve rastro de tu olor colgando del aire, tu disco favorito llenando la casa, ver tus pies con sus calcetines gigantes de lana, bajando a saltos la escalera. Y tu abrazo, que cura todo.

Quizá por esto hoy no quiera verte.

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Cómplices. Cousas de meigas - Hoy necesito.