La vida entera llevo queriendo lo que no puedo tener.
Como dijo alguien "el hombre es el único animal inconsolable por naturaleza". Cierto. Lo curioso es que el hombre parecía ser el único animal consolable.
Eso deja en muy mal lugar al consuelo.
Hay pocas, muy pocas cosas que realmente quiera. Eso viene a ser una ventaja.
El problema llega cuando sabes que algunas de esas cosas que quieres con toda tu alma, jamás nunca las tendrás.
Pero las sigues queriendo.
Por más años que pasen, por muy claro que lo veas. Aunque lo entiendas. Incluso sabiendo que es lo mejor que podía pasar. Aún así las quieres. Al menos, te sigues descubriendo imaginando a qué sabrá ese caramelo que nunca probarás.
Harto de esperar, o más bien desesperar, te das cuenta de que te irá mejor poniendo rumbo a otros puertos. Y sueltas amarras, largas velas y empiezas de nuevo. Como siempre, sin tripulación.
Y te das cuenta de que eres más libre que nunca, más libre que nadie. Tú eres tu propio señor. Decides tu destino a cada instante. Y lo sientes más aún cuando el viento te da en la cara, cuando alguna tomenta te azota... y ganas.
Entonces gritas, ríes y saltas. Y te das cuenta de que tu libertad es lo que más quieres en este mundo. Por fín lo tienes claro. Te quedarás para siempre en mar abierto.
Te duermes, sueñas, recuerdas, añoras.... y quieres compartir esa libertad con alguien. Quieres llegar a algún puerto, contar tus aventuras y escuchar otras.
Y aquí está la paradoja: No hay puertos en mar abierto. El mero hecho de compartir esa libertad la limita. Cualquier compañero de vieje tiene voz y voto. De otro modo, sería un prisionero.
Ahora elige:
A un lado Asia
al otro Europa
y al frente....
Al frente estás tú.
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Los Suaves. Santa Compaña - Si pudiera.
sábado, 13 de febrero de 2010
sábado, 6 de febrero de 2010
Y si.....
¿Y si me cago en Dios (cualquiera) y me termino colando por una chavala del Opus?
¿Y si digo alto y claro que donde curro es una empresa de mierda, UNA PUTA MIERDA, y mi jefe es parte del aforo?
¿Y si al final todo es mentira y me he pasado media vida intentando darle sentido?
¿Y si me cago en el Opus (y en los Kikos) y punto?
Pues eso: No lo sabes.
Ahora la cuestión es decidir qué hacer. ¿Te sigues cagando en Dios (el que sea), diciendo las cosas como las ves, comíendote el coco y cagándote en el Opus (y los Kikos); o te olvidas de todo, para lo bueno y lo malo, y vives más traquilo?.
La teoría es fácil: Haz lo que te plazca y punto. El problema es esta conciencia que nos han construido. Debes ser listo, más que los demás, verlas venir, caer encima, caer de pié... Pero nada se dice de vivir a gusto. A gusto contigo mismo, no con los demás (los que te han construido esa conciencia).
Ahí, justo ahí nacen las "mentiras piadosas". Esas "mentirijillas" que dices porque "le tienes aprecio". Ahí caben los típicos: "Es un hijo de mil padres, pero como es tu amigo, le he dicho que es buena gente", "A gilipollas no le gana naide, pero como es mi cuñado le reí la gracia", "La has cagado con todas las letras, pero eres mi amgio y te diré que todo estuvo de coña".
No. Las cosas no debieran ser así. Pero la cuestión no es esa. Sino más bien ¿estamos dispuestos a soportarlo? ¿PODEMOS soportarlo?
¿Y si tu mejor amigo te dijera, en aras de esa sinceridad que todos pedimos: "Has sido un capullo al decir eso", "No, no me gusta la foto que le hiciste a tu camaleón este verano", "Las cosas no se hacen así Bartolito", "No, no cantas bien" o "Esa imitación de Pedro Reyes es un asco"?
Ahí las cosas cambian. Cuando al que "hieren" es a uno, los criterios se suavizan, mutan, adecúan a la propia conveniencia.
Todos invocamos la sinceridad, pero la sinceridad contra los demás. Esa especie de patente de corso para poder "herir" a otros, protegidos por algo tan puro y bueno como la sinceridad y su consecuencia directa: La verdad. El bien supermo.
Pero cuando son los demás los que, con las mismas armas, nos hieren a nosotros, entonces y justo entoncees echamos cuentas de las mentiras piadosas.
Cuando la persona que nos requisa el aliento con el suyo es del mismísimo Opus, entonces es cuando medimos nuestras palabras.
Cuando el compañero de mesa y mantel es nuestro jefe de turno, justo entonces nos esforzamos por callar o, simplemente, contar las bondades de esta empresa tan graciosa que nos tiene ocupados de luenes a viernes.
Entonces, y justo entonces, es cuando nuestro cuñado nos cae bien y le hacemos un favor. Por no montar un cristo en la familia.
¿Y si te reafirmaras en tu opinion de que el Opus (y los Kikos) es una mierda, que tu jefe es un gilipollas con galones y que tu colega, por mucho que lo intente, jamás será Pedro Reyes? (Por no hablar del cuñado).
Pues estarás mucho más solo, mucho más pobre, mucho más en el infierno.
Pero serás mucho más tú. Pésele a quien le pese.
¿Y si digo alto y claro que donde curro es una empresa de mierda, UNA PUTA MIERDA, y mi jefe es parte del aforo?
¿Y si al final todo es mentira y me he pasado media vida intentando darle sentido?
¿Y si me cago en el Opus (y en los Kikos) y punto?
Pues eso: No lo sabes.
Ahora la cuestión es decidir qué hacer. ¿Te sigues cagando en Dios (el que sea), diciendo las cosas como las ves, comíendote el coco y cagándote en el Opus (y los Kikos); o te olvidas de todo, para lo bueno y lo malo, y vives más traquilo?.
La teoría es fácil: Haz lo que te plazca y punto. El problema es esta conciencia que nos han construido. Debes ser listo, más que los demás, verlas venir, caer encima, caer de pié... Pero nada se dice de vivir a gusto. A gusto contigo mismo, no con los demás (los que te han construido esa conciencia).
Ahí, justo ahí nacen las "mentiras piadosas". Esas "mentirijillas" que dices porque "le tienes aprecio". Ahí caben los típicos: "Es un hijo de mil padres, pero como es tu amigo, le he dicho que es buena gente", "A gilipollas no le gana naide, pero como es mi cuñado le reí la gracia", "La has cagado con todas las letras, pero eres mi amgio y te diré que todo estuvo de coña".
No. Las cosas no debieran ser así. Pero la cuestión no es esa. Sino más bien ¿estamos dispuestos a soportarlo? ¿PODEMOS soportarlo?
¿Y si tu mejor amigo te dijera, en aras de esa sinceridad que todos pedimos: "Has sido un capullo al decir eso", "No, no me gusta la foto que le hiciste a tu camaleón este verano", "Las cosas no se hacen así Bartolito", "No, no cantas bien" o "Esa imitación de Pedro Reyes es un asco"?
Ahí las cosas cambian. Cuando al que "hieren" es a uno, los criterios se suavizan, mutan, adecúan a la propia conveniencia.
Todos invocamos la sinceridad, pero la sinceridad contra los demás. Esa especie de patente de corso para poder "herir" a otros, protegidos por algo tan puro y bueno como la sinceridad y su consecuencia directa: La verdad. El bien supermo.
Pero cuando son los demás los que, con las mismas armas, nos hieren a nosotros, entonces y justo entoncees echamos cuentas de las mentiras piadosas.
Cuando la persona que nos requisa el aliento con el suyo es del mismísimo Opus, entonces es cuando medimos nuestras palabras.
Cuando el compañero de mesa y mantel es nuestro jefe de turno, justo entonces nos esforzamos por callar o, simplemente, contar las bondades de esta empresa tan graciosa que nos tiene ocupados de luenes a viernes.
Entonces, y justo entonces, es cuando nuestro cuñado nos cae bien y le hacemos un favor. Por no montar un cristo en la familia.
¿Y si te reafirmaras en tu opinion de que el Opus (y los Kikos) es una mierda, que tu jefe es un gilipollas con galones y que tu colega, por mucho que lo intente, jamás será Pedro Reyes? (Por no hablar del cuñado).
Pues estarás mucho más solo, mucho más pobre, mucho más en el infierno.
Pero serás mucho más tú. Pésele a quien le pese.