jueves, 12 de marzo de 2009

Lo bueno del fango

  ... y empiezas viviendo la vida de otros. Literalmente. Dentro de ellos. En particular de ella: Tu madre.

  Luego te das cuenta de que ahí fuera hay un mundo gigantesco y desconocido. Pero de otros.

  Es justo entonces, cuando decides pelear por tu parte, por hacer tuyo un pequeño trozo de ese mundo. Para luego querer compartirlo.

  Es en esos días cuando las aguas son fuertes, arrastran con lo que haga falta. Se desbordan, mueven o arrasan lo que se ponga por delante, pero poco queda. Quizá alguna herida.

  Luego te vas dando cuenta de que cada cosa tiene su tiempo. Que hay asuntos que más te vale sopesar. Y comienzas a pensar. Teniendo aún, pero controlando, tus impulsos juveniles. Las aguas se van calmando. Con algún remolino repentino que te hace pasar un mal rato. Sigues siendo un rio. Con sus remansos, con su fuerza y con sus trampas.
  Pero ya mueves menos rocas, te acostumbras más a los cauces, soportas con paciencia las presas.

  El terreno es más llano y vas viendo venir las cosas desde más lejos.

  A la vez va quedando a tu paso un somero poso. Un poco de tí mismo. Es lo que has llevado tanto tiempo contigo que ni te dabas cuenta de que estaba ahí. Y ahora lo empiezas a dejar.

  Y con más tiempo, más dificultades, más camino recorrido, pareces un lago. Ancho, sereno, tranquilo, fuerte. Casi sin violencias ni estrépitos.

  Todo tu alrededor está lleno de fango. Todo el que se acerca a ti lo ve. Unos lo evitan, otros van a recogerlo.

  Lo has ido guardando durante todo tu camino. Tu esencia misma. Ni lo mejor ni lo peor, sino TÚ.

  Cuando eso pasa, es demasiado tarde para replantearte nada, tan sólo te queda aceptar lo que ves. Ya no se puede volver aguas arriba a por nada que dejaste.

  Y más o menos poco después, cuando un buen día estés pensando en el camino recorrido, te darás cuenta de que no hay un lecho debajo de ti. Sentirás un vacío. Ya no habrá riveras ni árboles que marquen tu camino y ningún puente esperará que le des su razón de ser. Habrá calma absoluta...

  Habrá sal.